Barajar y dar de nuevo
EL REGRESO DE ANDRÉS GUACURARÍ ARTIGAS
Por Alfredo Montenegro (*)



En el noreste argentino recuperan la memoria del guaraní que gobernó las antiguas  misiones y comandó las guerrillas que frenaron a portugueses, paraguayos y porteños.

“Decir en la ciudad de Corrientes que soy tataranieto de Andrés Guacurarí Artigas era como gritar en la tribuna de Boca un gol de River, o viceversa. Pero, me güeyl a ñemihápe -en voz baja y a escondida- conocí su historia por los relatos de las tías”, dice Juan Alberto Gómez. Este maestro rural jubilado difunde hoy la memoria de su ancestro: el guaraní, a quien en 1811, el caudillo José Gervasio Artigas tomó como ahijado y confió -en 1815- la defensa del nordeste ante las invasiones portuguesas y paraguayas. “Artiguitas”, como también se lo llamó, fue gobernador del territorio misionero y capitán de Blandengues.

Al frente de las guerrillas guaraníes frenó al centralismo porteño y enfrentó, en su lucha por los derechos sociales, a la clase alta correntina.

Tras años de resistencia, al caer el sitio en la reducción jesuítica de San Francisco de Borja (Río Grande do Sul), el 24 de junio de 1819 Andresito fue apresado por los portugueses al mando mariscal Abreu. Arrastrado a pie hasta la cárcel de islas Das Cobras (Río de Janeiro), fue torturado y desaparece su rastro, cuando tenía unos 40 años.
 
El odio de “Cuellos duros”
“En Brasil, muchos reconocen a Andresito como prócer por pelear contra la opresión lusitana. En encuentros en su memoria han participado investigadores y asociaciones brasileñas. En Argentina, aunque se intentó borrar su nombre, el protagonismo del guaraní en la lucha por la liberación social, reaparece con más fuerza en la región”, relata Gómez.
“Muchos de los que se dicen católicos explotaron e hicieron sirvientes a hermanos de mi pueblo. La región fue manejada por unos pocos apellidos a quienes asustaba la política artiguista. Aún hoy los cuellos duros odian a Andresito por abocarse a la redistribución de la tierra y a la liberación del guaraní”, explica el correntino que nació en Caá Cati (hierva perfumada) y vive en la capital provincial.

Sobre ese encono, los historiadores Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero  señalan que en agosto de 1818, “a pie y desarmado, entre su tropa engalanadas con banderas antigüistas, Andresito entró en la capital correntina el 21 de agosto de 1818. Tras la caballería “cerraron el desfile los pibes guaraníes, liberados de la servidumbre”.

Tras repartir tierras a indios y negros, tomaron a los niños hijos de patrones que explotaban a gurisitos. A la semana, Andresito los liberó tras hacer reflexionar a las damas: “¿Comprenden ahora la angustia de una madre cuando les llevan sus hijos?. Ustedes han sido sus amas de chicos guaraníes como si eso fuera natural”.

Días después, cuando la “gente bien” no concurrió a obras de teatro organizadas con chicos, convocó a todos los hombres a la plaza y los obligó a arrancar los yuyos para preparar una fiesta a la noche, en la que las señoras debieron bailar con la tropa.

Justificando ese resentimiento “caté”, se dijo que la descendencia de Andresito fue producto del cautiverio de una joven. Además, fue acusado por una matanza de abipones.
La clase alta, indica Juan Manuel Sureda –desde la entidad Flor del Desierto-está molesta y “hasta para levantar un monumento en homenaje al prócer en la capital correntina se desató un áspero debate en el Concejo Deliberante”.

 Memoria santotomeña

“Andresito hablaba portugués, castellano y guaraní. Era católico y devoto de San Francisco de Borja. Como San Martín, nació en 1780, y a 300 kilómetros de Yapeyú”, relatan Machón y Cantero. “Su aspecto físico era el de su pueblo: estatura baja, contextura robusta y la cara con marcas de viruela”.

Documentos hallados por los investi-gadores, señalan que entre 1725 y 1750 se registra el nombre Guacurí en la reducción de San Borja. En tanto, su tataranieto afirma que “tras la invasión portuguesa de 1801 -sobre las treinta misiones jesuitas-, Andresito vivió con su madre en Santo Tomé, sobre el río Uruguay, frente a San Borja. Allí, años después armó una fábrica de sables para aprovechar la abundancia de sulfato ferroso en la zona y la habilidad de los guaraníes para trabajar el hierro”.

 ”El hecho de que sea correntino o brasileño –admite Gómez- parece hoy importante, pero esas ciudades de distintos países, antes sólo estaban separadas por el río e integraban las Misiones”.

Elba Batalla de Vignolo, de la Asociación para el Fomento de la Cultura de Santo Tomé, dice que en su pueblo “vivió el guaraní hasta los 14 años, luego de crecer en la iglesia”. La docente señala: “Le hicimos un monumento, seminarios y cada fecha relacionada a Andresito, sirve para recordarlo”.
 

Un proyecto federal
Los esclavistas portugueses hallaron un duro obstáculo en las reducciones jesuíticas, comunidades de casi 200 años que reunían a 32 pueblos y 160 mil personas. Los curas les enseñaron música, a escribir, cultivar yerba y a formar milicias. Así, con libertario ímpetu, unos diez mil guaraníes pararon a los invasores. Pero, cuando fueron retiradas las congregaciones, volvieron los saqueos y unos 300 mil indígenas fueron escla-vizados.

Luego, Artigas los involucró en la Liga de los Pueblos Libres para disputar a oligarcas porteños, correntinos y montevideanos otro destino para la región.

En 1815, Andresito asumió la Comandancia General de Misiones y recuperó pueblos tomados por el paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia. En 1816, con mil lanzas rescata  misiones orientales y, tras varios triunfos sitia San Borja hasta ser derrotado por reforzadas fuerzas lusitanas. En 1817, la guerrilla guaraní se impone en  Apóstoles y San Carlos.

También debió marchar a Corrientes para reestablecer el federalismo, tras el golpe del centralismo porteño que impuso José Vedoya. Pero, ya en 1819 con el antigüismo en retroceso, Andresito es aprisionado en San Borja.
 
Por la vuelta
Desde 1995, “buscamos una explicación oficial sobre el fin que corrió nuestro prócer tras caer prisionero de guerra con alto rango militar”, indica Sureda, presidente de la Comisión Pro Repatriación de Andresito, de Flor del Desierto y miembro de la Asociación Sanmartiniana de Posadas.   

Según archivos españoles, “el 25 de junio de 1821, Andresito figuraba aún en la cárcel brasileña. Eso, contradice la versión que sostiene que en abril de 1821 había sido liberado para ser llevado a Montevideo en un buque”, remarca Sureda.

“En la prisión de bahía de Guanabara puede existir documentación importante, indica el historiador León Pomer. Por eso pedimos a Brasil y a la Cancillería argentina que intervengan. Pero falta interés oficial; la ley 23.420 aprobó en 1987 la creación de un monumento en la plazoleta Misiones, del Obelisco, pero nada pasó.

Goméz -quien desde la Fundación Andresito lucha por la ecología y derechos de los guaraníes- dice, “es difícil hallar sus restos y repatriarlos. Pero, si aparecen, un ADN comprobaría la descendencia”. En tanto, Sureda, afirma que el rescate de la memoria del guaraní es fundamental porque “fue clave para mantener a Corrientes en el territorio nacional, ante la embestida portuguesa. Esa fue nuestra guerra de la independencia, omitida en la historiografía oficial mitrista”.

(*) Periodista del diario La Capital Rosario. Conferencista. Docente.

 

 

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